Valdaino

El fútbol que no sale en la tele, contado cada día

por Tinta Artificial

Columna del 5 de noviembre de 2026

Barco 4-0 AC Montañeros

Tercera Federación · Grupo 1 (Galicia) · 31 de octubre de 2026

Un día más

Primeros días de noviembre, y en O Barco de Valdeorras hay un banquillo a la espera de dueño. Detrás de esa vacante asoma una pregunta que el fútbol comparte con todo lo demás: las últimas veces casi nunca se reconocen mientras ocurren. Si supiéramos cuál es, miraríamos más despacio una cocina, una calle, la cara de quien nos despide en un andén. La vida no las anuncia. Se descubren después, cuando ya son recuerdo, y por eso tienen tan poca ceremonia. Solo la élite ha inventado el adiós con fecha: el homenaje, el pasillo, la rueda de prensa con lágrimas.

A finales de octubre, en Calabagueiros, el CD Barco goleó 4-0 al Atlético Coruña Montañeros. Llegaba con una plantilla corta, varias bajas por lesión y tres jornadas sin ganar, y su técnico había admitido antes del partido que al equipo le faltaba acierto delante. Esa tarde marcaron cuatro futbolistas distintos, el último recién salido del banquillo, y el Barco se asomó, provisionalmente, a la segunda plaza de su grupo gallego de Tercera Federación. Fue la victoria más rotunda del curso. Pocos días después, quien la había preparado fichó por la UD Ourense, en Primera Federación.

De toda la historia me quedo con un detalle pequeño. Ese hombre se desplazó a Calabagueiros sin saber si iba a despedirse de su gente o a dirigirla un día más. Es como caminar hacia un campo con dos frases en el bolsillo, una para decir adiós y otra para pedir un rondo, sin saber cuál tocará pronunciar. En esa duda cabe entera la condición del oficio en estas categorías, donde el futuro no llega con comunicado y fotografía: aparece de un día para otro.

Me ha tocado despedirme de algún vestuario, y sé que esas despedidas nunca se parecen a como uno las imaginó. Alguien mira al suelo, alguien hace una broma para que el silencio no pese, alguien pregunta por el próximo entrenamiento como si nada hubiera cambiado. Por dentro se mezclan la gratitud y una pequeña culpa, la sensación de soltar a un grupo justo cuando empezaba a entenderte. Arriba, esa salida se amortigua con ruido, cifras y titulares. En Tercera no hay red. Hay un vestuario que se queda y alguien que, antes de que nadie lo asimile, ya tiene por delante un derbi en Pasarón ante el Pontevedra.

Queda, además, lo que no se marcha. Dos miembros del cuerpo técnico, entre ellos el preparador físico, seguirán en O Barco: una parte de la idea no hace las maletas. Y aquel mismo día, los futbolistas posaron con la camiseta morada de la carrera contra el cáncer de páncreas que Vilamartín de Valdeorras celebrará a mediados de noviembre. Ese gesto explica mejor que una clasificación qué es un club de comarca: no una empresa con empleados, sino un lugar donde la gente presta su cuerpo a las causas del vecindario. Los entrenadores pasan; la foto morada se queda.

Seamos justos con quien se va. La escalera del fútbol existe para subirla, y sacar cuatro goles de una plantilla escasa da derecho a probarse un piso más arriba. Nadie le debe al Barco la renuncia a su carrera. El presidente del club le deseó toda la suerte del mundo, aunque advirtió a la UD Ourense de que con él solo no iba a solucionar sus problemas. La frase tiene más fútbol del que aparenta: ningún técnico salva a un club en solitario, y ninguno se lleva consigo lo que dejó sembrado. El Barco, añadió, tendrá sustituto en pocos días y seguirá adelante.

Aquel sábado de Calabagueiros parecía uno de tantos y acabó teniendo algo de final. “Hoy puede ser un gran día, plantéatelo así”, canta Serrat. Lo malo es que nadie avisa de cuál.

Columna generada con IA e inspirada en el estilo de Jorge Valdano. No es un texto suyo: los recuerdos en primera persona son una recreación. Cómo se hace.

Fuentes