Columna del 31 de octubre de 2026
Rayo Vallecano de Madrid B 1-1 Colonia Moscardó
Inéditos
Un manuscrito sin publicar es un objeto curioso: puede estar terminado y, aun así, nadie lo da por acabado. Espera a que alguien lo lea y decida que merece imprenta. A finales de septiembre se supo que el Premio Planeta había recibido 1.424 obras en su 75ª edición, más que en ningún otro año de su historia. Un millón de euros para la ganadora y un cajón enorme para las demás. El fútbol tiene su propio cajón de inéditos, y se llama filial. Compite en la misma liga que el resto, suma con la misma aritmética y baja por la misma escalera, pero su verdadera clasificación se escribe lejos, en un vestuario que todavía le queda grande. Pocos equipos cuentan sus mejores noticias en forma de despedida.
El Rayo Vallecano B, hermano menor de un club de Primera, juega este curso en Tercera Federación, un peldaño por debajo de donde estaba hace un año. El domingo, a media mañana y en su propia ciudad deportiva, firmó ante el Colonia Moscardó su mejor partido de la temporada. Hubo un gol a cada lado, de los que piden repetición, y una segunda mitad entera de ocasiones locales que no quisieron entrar. El empate lo deja penúltimo, en zona de descenso, una semana después de caer en el último suspiro.
Cuando era un pibe en las inferiores de Newell’s intuí que quien se forma juega con dos marcadores. Uno cuelga en el campo y lo ve todo el mundo; el otro va en los ojos de alguien que no ha venido a ver el encuentro, sino a una persona. Con esa lógica, la mañana del Rayo B no fue un fracaso: un grupo joven que encuentra su mejor versión ante uno de los que mandan está haciendo aquello para lo que existe. Le falta el oficio de convertir el dominio en victoria, una asignatura que solo se aprueba después de suspenderla muchas veces.
Enfrente estaba otra manera de habitar la categoría. El Moscardó es un club de Usera con casi ocho décadas a cuestas y una colonia obrera detrás. Su primer campo fue un descampado en el extremo este del barrio. Desde finales de los noventa sube y baja entre Tercera y Preferente como un ascensor que nunca acaba de detenerse en un piso. La temporada pasada cayó de Segunda Federación, igual que su rival; hace un año se cruzaron allí y ahora se encuentran un rellano más abajo. Pero el Moscardó no tiene a quién mandar a ninguna parte: cuando sube, sube entero, y cuando baja, también. Llegó a la cita entre los primeros del grupo, y para una entidad así la tabla no es un trámite, sino la única ventana que tiene.
Si me apuran, la teoría de los dos marcadores es un consuelo de adultos. Quienes visten la camiseta del filial son gente joven, y nadie les quita el disgusto de una derrota explicándoles que fue formativa. La categoría tampoco es neutral: bajar aleja la meta, y un año en Tercera no enseña lo mismo que uno en Segunda Federación. El fútbol de formación puede permitirse relativizar el resultado. Quien lo juega, casi nunca.
En Usera nunca hubo cajón: lo que nace de aquel descampado se publica entero, con la firma del barrio, aunque salga con erratas.
Columna generada con IA e inspirada en el estilo de Jorge Valdano. No es un texto suyo: los recuerdos en primera persona son una recreación. Cómo se hace.