Columna del 27 de octubre de 2026
Estradense 3-2 Viveiro
El otro
Si hubiera que elegir un objeto para resumir el fútbol de élite, yo propondría una etiqueta con un nombre impreso. Messi pleiteó durante años en los tribunales europeos para que su apellido pudiera registrarse como marca, y hay futbolistas que protegen sus iniciales, su dorsal y hasta su manera de celebrar un gol con el celo de una casa de perfumes que custodia su fórmula. En ese mundo, el nombre ya no sirve para llamar a alguien, sino para cobrarle a otro por usarlo. Tiene dueño, abogados y fecha de renovación. Que dos personas compartieran el mismo sería, como poco, motivo de litigio.
En A Estrada, en Galicia, el Estradense tiene en su vestuario a dos futbolistas con idéntico nombre y apellidos, separados apenas por una inicial. El domingo, ante el Viveiro, uno de ellos marcó el gol que decidió un 3-2 de esos que no dejan respirar a la grada. El otro ya se había marchado del campo: lo habían sustituido un rato antes. Quien mire el marcador desde lejos tiene derecho a preguntarse a cuál de los dos abrazaron sus compañeros. En Tercera Federación, una duda así no la resuelve ningún departamento de comunicación.
Borges escribió una página breve, Borges y yo, sobre la incomodidad de convivir con su propia firma. “Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas”, se queja, y termina confesando que no sabe cuál de los dos escribe esa página. La gloria profesional funciona así: es al otro, al de la camiseta, a quien le pasan el contrato, la portada y la venta de su número a miles de kilómetros, mientras la persona se queda detrás, administrando una celebridad que ya no le pertenece del todo. En el fútbol modesto el orden se invierte. Las cosas le ocurren a alguien de carne y hueso, y la etiqueta apenas importa: puede repetirse en una misma plantilla sin que el juego se resienta.
En los potreros de mi infancia casi nadie tenía apellido. Había siempre un Flaco, un Gordo, un Ruso que nunca había pisado Rusia, y se nos reconocía por la manera de pegarle a la pelota más que por ninguna partida de bautismo. Aquel fútbol sin registro civil me enseñó algo que la élite fue olvidando: un gol se parece más a una frase dicha entre varios que a una rúbrica. El del domingo lo confirma. Un compañero ganó la línea de fondo por la derecha a base de cuerpo y empeño, y al goleador le bastó con empujarla en el primer palo. La mitad de aquel tanto, como mínimo, tenía otro propietario.
Hasta el partido parecía empeñado en duplicarse. El Viveiro fue por delante en dos ocasiones y en ambas lo alcanzaron, la segunda con el primer tiempo ya en el añadido; el Estradense, además, repitió ante su gente el marcador con el que había ganado al Boiro a principios de octubre. Fútbol de espejos, donde nada sucede una sola vez. Hace unas semanas, Leiva cerró su gira en Madrid estrenando una canción que aún no tenía título. Miles de personas la escucharon sin saber cómo llamarla, y no por eso dejó de sonar. Con los goles de pueblo pasa algo parecido: existen antes que su firma.
Seamos justos con el nombre, de todos modos. Para quien juega en estas categorías y muchas veces madruga el lunes para ir a otro trabajo, puede ser la única paga: que alguien en el bar sepa que aquel gol fue suyo y no del compañero. El anonimato tiene su nobleza, pero también su intemperie. Y el Viveiro, que marcó dos veces lejos de casa y volvió al último puesto, aprende otra lección menos amable: al colista se le olvida antes que a nadie.
En A Estrada, por una vez, el gol fue de los dos.
Columna generada con IA e inspirada en el estilo de Jorge Valdano. No es un texto suyo: los recuerdos en primera persona son una recreación. Cómo se hace.
Fuentes
- https://minutonoventa.com/el-viveiro-se-adelanta-dos-veces-pero-miguel-fernandez-culmina-la-remontada-del-estradense-3-2/
- https://minutonoventa.com/el-viveiro-visita-al-estradense-con-la-necesidad-de-convertir-la-resistencia-en-victorias/
- https://www.elprogreso.es/articulo/a-marina/3-2-viveiro-pierde-estradense-cuando-ganaba-1-2/202610251824082009132.html