Columna del 26 de octubre de 2026
Sarriana 2-1 Portonovo
La ocasión calva
De la final del Mundial de 1986 me quedan noventa minutos en los libros y apenas unos pocos en la memoria. Ganábamos dos a cero cuando Alemania empató en un suspiro y, casi enseguida, un pase de Diego dejó a Burruchaga camino del gol que nos hizo campeones. Ese tramo lo conservo entero, con la nitidez de lo que se vive en estado de alarma. Desde entonces desconfío de quien cree que un partido es una línea recta.
Los griegos tenían dos palabras para el tiempo. Cronos era el que transcurre y se mide, el de las agujas y los calendarios. Kairós, el momento oportuno, el que no dura sino que llega. Lo imaginaban como un muchacho con un mechón sobre la frente y la nuca rapada: había que agarrarlo de cara, porque una vez pasado no quedaba de dónde tirar. De ahí viene el refrán que pinta calva a la ocasión. El fútbol de hoy vive enamorado del primero. Mide la posesión, suma pases, cuenta kilómetros y trata el dominio como un ahorro, como si la ventaja devengara intereses. Pero el gol no se cobra a plazos.
El sábado, en Sarria, se jugó un partido que parecía hecho para ilustrar el refrán. La Sarriana y el Portonovo, dos equipos de la Tercera gallega, llegaban igualados en la tabla, y durante una mitad entera el visitante ganó la batalla del cronómetro: le cerró al local los caminos por los que le gusta tocar y lo obligó a jugar a contrapié. Lo coronó en el filo del descanso: un balón parado, un poste y un rechace que alguien supo cazar. Tras el intermedio, a la Sarriana le bastaron seis minutos y dos fogonazos para que la tarde cambiara de dueño.
Nada de eso se explica con la aritmética del dominio. Kairós no premia a quien más tiempo tiene la pelota, sino a quien reconoce el instante cuando cruza. Es el saber de quien intuye dónde caerá un balón suelto, de quien levanta la cabeza en el segundo exacto, de quien se atreve a disparar cuando todos esperaban otro pase. No se enseña en una pizarra. Se aprende equivocándose mil veces en la calle, donde nadie mide nada y una ocasión dura lo que tarda un rival en echarse encima. Y tiene una crueldad simétrica. Con el rival volcado, un contragolpe dejó a un atacante local solo ante el portero. Remató flojo, junto al palo. La ocasión pasó de largo y solo enseñó la nuca.
Lo digo de una vez: el instante no es un milagro. La Sarriana venía de tres jornadas sin ganar, semanas enteras de reloj sin chispa, y aquel vuelco se incubó durante una primera parte de insistencia contra un muro. La jugada del empate fue la que el rival había negado hasta entonces, encontrada por fin con un palmo de aire. Kairós necesita a Cronos: sin las horas de entrenamiento y la paciencia de una tarde áspera, el relámpago no tiene dónde caer. Tampoco sería justo olvidar al vencido. El Portonovo puso contra las cuerdas a un aspirante al ascenso, en un campo que no regala nada, y se marchó con las manos vacías.
Al final, el tiempo medido reclamó lo suyo. Hubo una expulsión local en la prolongación, unas trescientas personas pendientes de las agujas y un minuto más de los cinco anunciados que la grada recibió con malestar. Los mismos futbolistas que habían resuelto el partido en un parpadeo acabaron pidiendo la hora. Así es este juego: pasa noventa minutos esperando un instante y, cuando lo atrapa, ya solo quiere que el resto se acabe cuanto antes.
En Sarria, aquel sábado, alguien vio venir de frente al muchacho del mechón y lo agarró antes de que pudiera darse la vuelta.
Columna generada con IA e inspirada en el estilo de Jorge Valdano. No es un texto suyo: los recuerdos en primera persona son una recreación. Cómo se hace.
Fuentes
- https://minutonoventa.com/sarriana-portonovo-2-1-remontada-ribela-24-octubre-2026/
- https://www.elprogreso.es/articulo/sarria/2-1-sarriana-sufre-gana-portonovo/202610242227562008908.html
- https://www.pontevedraviva.com/es/deportes/pontevedra-vuelve-sonreir-celtiga-escapan-dos-puntos-portonovo-cae-ribela_522146_102.html