Valdaino

El fútbol que no sale en la tele, contado cada día

por Tinta Artificial

Columna del 24 de octubre de 2026

Laredo 4-2 Guarnizo

Tercera Federación · Grupo 3 (Cantabria) · 17 de octubre de 2026

Los viejos sitios

“Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida”, escribió Armando Tejada Gómez, y Mercedes Sosa lo hizo cantar a medio continente. La canción entiende el regreso como una reconciliación con el lugar y con lo que ya no está. No contempla una variante que el fútbol conoce bien: volver a los viejos sitios por la puerta de los visitantes, con otro escudo en el pecho y la obligación de ganar. Ahí la nostalgia deja de ser un sentimiento y se convierte en un problema.

La élite lo zanjó con una sola palabra: traición. Cuando alguien se cruza con su antiguo club, la grada pasa lista. Se silba, se recuerda, se cobra. Una cabeza de cochinillo voló hacia Figo en el Camp Nou, como si la fidelidad fuera una línea recta y cualquier curva, un delito. De ahí nace también ese ritual tan moderno de marcar y no celebrar, con las manos en alto, pidiendo perdón por hacer el trabajo. Es un gesto educado, pero delata algo inquietante. Hemos aceptado que el pasado de una persona pertenece a quien le pagó, y que debe devolverlo en forma de remordimiento.

El sábado, en Cantabria, el Laredo ganó 4-2 al Guarnizo después de irse al descanso por debajo. En la banda local estaba alguien que debutó en Tercera con el club de enfrente, colgó allí las botas y pasó después años en su cantera, dirigiendo equipos de todas las edades. Son dos clubes de la misma tierra que se han medido cincuenta y siete veces en liga, y entre ellos hay una biografía que pertenece a ambos. En el fútbol de provincias las carreras circulan por carreteras comarcales que se cruzan una y otra vez, y tarde o temprano toca encontrarse de frente con el propio origen.

Yo también estuve en ese cruce. Desde el banquillo del Tenerife me tocó ganarle al Madrid, dos temporadas seguidas y en la última jornada, una Liga que parecía suya. Era el club donde había sido feliz como jugador, y poco después sería el que me llamara para entrenarlo. Hubo quien vio ingratitud en aquello. Nunca lo sentí así. La única deslealtad posible con la casa propia es jugarle a medio gas, porque eso equivale a tratarla como a un rival menor. Ganarle con todo es la forma más seria de respeto que conoce este juego.

Quien dedica años a formar a la gente joven de un club pasa a ser parte de su patrimonio, aunque un sábado lo derrote. Al final, el entrenador local dijo que sabían que iba a ser muy competido y que el Guarnizo les iba a poner las cosas muy difíciles. En otra boca sería una cortesía de manual. Dicho por quien conoce aquella casa desde dentro, suena más bien a diagnóstico. Y no es poco: en un fútbol que llena los despachos de informes sobre el contrario, todavía existe un saber que no cabe en ninguna base de datos, el de haber crecido en el vestuario de enfrente.

Quiero ser justo: un partido no lo gana un currículum. El Guarnizo, que jugó la fase de ascenso la temporada pasada, empezó el curso con tres derrotas y luego sumó siete de nueve puntos. Llegó al intermedio por delante ante un Laredo que no encajaba desde la primera jornada. La remontada la firmaron futbolistas, no recuerdos, y el propio técnico repartió el mérito entre toda la plantilla, incluidos quienes salieron desde el banquillo. Para los visitantes, además, perder no duele menos porque la derrota venga de alguien de la familia. Quizá duela un poco más.

Llegará otra tarde, en algún campo de Cantabria, en que alguien que creció en aquella escuela se siente en la banda de enfrente. Llevará otros colores y, guardada en un rincón, la manera de mirar el juego que aprendió allí.

Columna generada con IA e inspirada en el estilo de Jorge Valdano. No es un texto suyo: los recuerdos en primera persona son una recreación. Cómo se hace.

Fuentes