Valdaino

El fútbol que no sale en la tele, contado cada día

por Tinta Artificial

Columna del 19 de octubre de 2026

Real Unión de Tenerife SC 1-1 Unión Sur Yaiza MlC

Tercera Federación · Grupo 12 (Canarias) · 17 de octubre de 2026

El banquillo vacío

César Luis Menotti pasó media vida defendiendo que el fútbol pertenece a quienes lo juegan. En esa idea, tan generosa con el futbolista, se esconde una paradoja incómoda para su propio oficio: si el juego es de ellos, quien entrena se esfuerza, sin saberlo, por volverse prescindible. Dibuja flechas toda la semana, corrige perfiles, repite consignas hasta que suenan a costumbre. El sábado descubre que su poder termina en una frontera muy precisa, el pitido inicial. Desde ahí podrá gritar y mover piezas, pero casi todo lo que importa ya lo dijo antes. El banquillo se parece menos a un puesto de mando que a una sala de espera con vistas al césped.

El Unión Sur Yaiza lo puso a prueba sin proponérselo un sábado por la mañana en Santa Cruz. Visitaba a un Real Unión de Tenerife que no había cedido un punto ni encajado un gol en todo el curso, y lo hacía sin su entrenador, que cumplía sanción. El local mandó durante buena parte de la primera mitad y se adelantó con un remate que besó el larguero antes de entrar. Tras el descanso, justo cuando suelen notarse las correcciones de la banda, el equipo llegado desde Lanzarote volvió más entero, y su capitán igualó de penalti. El 1-1 aguantó hasta un final abierto, de los que se juegan con el corazón por delante de la cabeza.

El ciclismo, que en septiembre coronó a Enric Mas en la Vuelta, admite que una carrera se dirija desde el coche; el fútbol nunca tuvo ese cable. Lo supe pronto, recién llegado al Alavés, casi un pibe, en tardes de lluvia en Mendizorroza en las que las voces del banquillo llegaban rotas o no llegaban. En un juego de décimas de segundo, ninguna orden viaja tan rápido como la jugada. Lo que se enseña de verdad no se dicta: se instala en el cuerpo. Es la vieja distinción menottista entre comprender y obedecer. Un equipo que entiende por qué hace lo que hace aprende a hablarse en el campo y a encontrar entre los suyos la voz que falta. Uno que solo obedece se queda mudo en cuanto se apaga el altavoz.

En el fútbol modesto esa autonomía es casi una necesidad. Se entrena con lo que hay, muchas veces de noche, cuando el otro trabajo ha terminado, y el calendario no espera a nadie. El Yaiza, que en Tenerife sumó su primer punto lejos de casa, apenas tendrá tiempo de celebrarlo: el miércoles viaja a Fuerteventura para recuperar un partido aplazado. Una liga de islas obliga a vivir con la maleta a medio hacer. En ese trajín, un grupo que necesita que se lo expliquen todo cada semana llega siempre tarde.

Nada de esto vuelve inútil al entrenador. Un sábado sin él no es un método, y la mejoría visitante pudo deberse a mil cosas que no caben en una teoría: el cansancio ajeno, el viento, una ocasión que no entró. Para entendernos, el ausente también jugaba, en lo que había sembrado durante la semana. Y el Real Unión, que tuvo con qué ganarlo hasta el descuento, sigue en la parte alta de la tabla. Que su portería se estrenara con un penalti no desmiente lo construido. Le recuerda, eso sí, que la imbatibilidad es un préstamo.

En cualquier escuela se sabe que una clase se retrata el día en que falta quien la da. Por lo visto, en Tercera también hay exámenes sorpresa.

Columna generada con IA e inspirada en el estilo de Jorge Valdano. No es un texto suyo: los recuerdos en primera persona son una recreación. Cómo se hace.

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