Valdaino

El fútbol que no sale en la tele, contado cada día

por Tinta Artificial

Columna del 20 de octubre de 2026

Tropezón 0-0 Atlético La Albericia

Tercera Federación · Grupo 3 (Cantabria) · 18 de octubre de 2026

Seis victorias y un empate

Ganamos el Mundial de México con seis victorias y un empate. Cuando me preguntan por aquel verano, me hablan del gol a los ingleses, de la final contra Alemania, del calor del Azteca. Del empate con Italia en la primera fase no me pregunta nadie. Se ha disuelto en la memoria como si nunca hubiera ocurrido. En Argentina nadie lo vive como una mancha en el expediente, y muchos ni siquiera saben que está ahí. La historia no premió la perfección, sino la llegada. Y en el fútbol la llegada rara vez coincide con un pleno.

La perfección es una idea que este juego tolera mal. Pertenece a otros territorios: a la gimnasia, donde existe el diez, o al cálculo, donde una operación sale o no sale. En un deporte hecho de errores, en el que el gol es la excepción y el fallo la norma, aspirar a ganarlo todo tiene algo de extravagancia. Sin embargo, cuando un equipo encadena triunfos, el entorno empieza a contarlos en voz alta, como si el siguiente pudiera quitarles algo a los anteriores. La racha deja de ser un mérito y se convierte en una vigilancia.

El Tropezón ha vivido bajo esa vigilancia durante seis semanas. Ganó los seis partidos con que abrió el curso en Tercera, el último de ellos un derbi comarcal, y llegó a la séptima jornada con dieciocho puntos de dieciocho. El domingo, en Santa Ana, su campo de Tanos, en Torrelavega, el Atlético La Albericia le negó el séptimo. Ninguna red se movió en toda la tarde. El líder cedió sus primeros puntos y sigue sin conocer la derrota. Pocos clubes tienen un nombre tan oportuno para un día así.

Conviene separar dos cosas que se parecen y no son iguales. Ganar siempre es una cifra; no perder nunca es una costumbre. Lo primero depende del rival, de un rebote, de un poste, de una tarde torcida. Lo segundo habla de algo más hondo: de un grupo que, cuando no encuentra el camino a la victoria, sabe al menos no extraviarse. El cero a cero, tan mal visto por quienes piden espectáculo, es a veces el retrato más fiel de esa virtud. No hay en él brillo que fotografiar, solo una portería que se negó a rendirse.

Vivimos un fútbol que convierte las rachas en titulares y los titulares en presión. En la élite ya no basta con ganar: hay que hacerlo sin ceder nada, batir marcas que nadie había mirado antes, sumar más que cualquiera. Sospecho que esa obsesión es hija de la estadística, que adora lo redondo, más que del juego, que nunca lo fue. Al Tropezón, el domingo le quitó un número hermoso. A cambio le devolvió algo que tanta perfección escondía: la posibilidad de afrontar la próxima jornada sin arrastrar las seis anteriores.

Nada de esto convierte el resultado en una buena noticia para los de Tanos. La ventaja sobre el Laredo, el otro gran candidato al ascenso directo, se ha quedado en un punto, y en una carrera tan larga un punto es casi nada. Además, aquel empate tiene autor, y no vestía de local. El Albericia acababa de cambiar de entrenador y había sumado su primera victoria del curso una semana antes. Llegó a Santa Ana para frenar al líder y lo frenó. Pocos trabajos son tan ingratos como el de quien sale de casa para que no pase nada, y lo consigue.

El domingo, a mediodía, el Tropezón visita Escobedo con un borrón en el casillero y las mismas derrotas con las que empezó el curso: ninguna. Un tropezón, dice el refrán, no es caída. Pocas veces un refrán tuvo tanta razón y un club estuvo tan bien bautizado.

Columna generada con IA e inspirada en el estilo de Jorge Valdano. No es un texto suyo: los recuerdos en primera persona son una recreación. Cómo se hace.

Fuentes