Columna del 17 de octubre de 2026
Illescas 1-0 La Solana
El barómetro de octubre
En muchas casas de antes colgaba un barómetro junto a la puerta, con su aguja nerviosa y aquellas palabras impresas en la esfera: lluvia, variable, buen tiempo. Nadie le pedía que cambiara el cielo. Bastaba con que avisara. Las tablas de octubre se parecen bastante a ese aparato. Miden la presión de unas pocas semanas y la anuncian con una seguridad que el invierno suele desmentir. El problema empieza cuando confundimos la aguja con el tiempo que hará, y el tiempo de un día con el clima de toda una temporada.
La Solana vive uno de esos tramos en que la aguja se queda clavada en mal tiempo. Viajó a Illescas con tres puntos en cinco jornadas y volvió con los mismos: quinta derrota del curso, tercera seguida. Enfrente esperaba un equipo tercero y todavía invicto, pero la tabla no lo explica todo. Fue un mediodía de mucha igualdad, con las dos porterías casi inéditas, y lo resolvió un penalti en la segunda mitad. El Illescas puso el oficio de quien sabe replegarse cuando toca y morder al cruzar la línea de medios. Las diez amarillas, seis para los visitantes, hablan de una tensión que el juego no terminaba de soltar.
En la élite, tres derrotas seguidas ya no son una racha. Son una crisis, y las crisis reclaman culpables. Las tertulias piden cabezas, los despachos echan cuentas y el entrenador empieza a contar los días. Me han destituido más de una vez, y sé que en ese ambiente el trabajo deja de valer como argumento: solo pesa el domingo siguiente. El fútbol profesional ha acelerado tanto su reloj que ya no distingue la borrasca de la estación. Juzga un otoño entero por una semana de viento.
Antes del viaje, el entrenador de La Solana dijo que sus futbolistas seguían en una muy buena línea de trabajo y confiaban en que, al final, las cosas tenían que salir. Leída deprisa, la frase suena a fórmula de rueda de prensa. En un vestuario modesto pesa de otra manera, porque allí la derrota no tiene focos que la amplifiquen, pero tampoco nada que la amortigüe. Sostener ese ánimo no es ingenuidad, sino una forma de cuidado: proteger al grupo de la aguja para que no se le contagie la tormenta. Y la esperanza tiene algo concreto a lo que agarrarse. Uno de los suyos cumplió en Illescas el último de sus dos partidos de sanción y vuelve a un equipo que lo necesita.
La memoria, que es justo lo que le falta a cualquier barómetro, también ayuda. Illescas y La Solana se han cruzado quince veces, y la cuenta favorece con claridad a los de La Sagra. Pero en ese historial caben un 7-1 de los solaneros en abril de 1994 y un 0-4 del Illescas en diciembre de 2022. Las dos goleadas parecieron sentencias el día en que ocurrieron. El propio Illescas, que celebró en 2023 un ascenso a Segunda Federación, compite hoy de nuevo en Tercera. Pocas cosas enseñan tanto sobre la aguja como haberla visto subir y bajar.
Quiero ser justo: la fe no suma puntos, y hay rachas que no son viento, sino diagnóstico. Un equipo puede entrenar muy bien en la dirección equivocada, y la paciencia mal entendida es la coartada perfecta para no tocar nada. Tampoco hay que regatearle mérito al ganador. Imponerse en un partido sin brillo, concediendo casi nada, es una virtud poco vistosa que distingue a quien pelea arriba de quien solo está de paso. A veces el barómetro no se equivoca. Simplemente se adelanta.
“Hoy puede ser un gran día”, canta Serrat. Y advierte, con una honradez que ningún barómetro tiene, que aprovecharlo o dejar que pase de largo depende en parte de ti.
Columna generada con IA e inspirada en el estilo de Jorge Valdano. No es un texto suyo: los recuerdos en primera persona son una recreación. Cómo se hace.