Columna del 12 de octubre de 2026
Santa Amalia 1-3 SP Villafranca
El otro campo
“La historia del fútbol es un triste viaje del placer al deber”, escribió Eduardo Galeano. En la élite ese trayecto dura años y atraviesa academias, agentes y contratos. En Santa Amalia, un pueblo de la provincia de Badajoz, cabe entre dos terrenos de juego. En uno, de césped artificial e inaugurado en 2023, se forma la escuela de fútbol del pueblo. En el otro, el viejo Municipal, el primer equipo cayó 1-3 ante el SP Villafranca en la sexta jornada del grupo extremeño de Tercera Federación.
El deber, aquí, tiene forma de categoría. El Santa Amalia subió a Tercera en la primavera de 2024 y todavía está aprendiendo sus costumbres. El Villafranca las conoce de memoria. Llegó por primera vez en 1983 y descendió tres años después. Pasó dos cursos en Regional Preferente y en 1988 regresó para encadenar veinte temporadas seguidas. Esta vez, el visitante golpeó pronto y amplió la ventaja de penalti antes del descanso. El local recortó en la segunda mitad y dejó el marcador al filo de un gol, hasta que el Villafranca lo cerró en el tramo final.
Veinte años sin moverse de una división no son un título, y nadie los cuelga en una vitrina. Pero son un saber. Quien lleva tanto tiempo en un sitio conoce los campos pequeños, los viajes largos, los partidos que hay que ganar feos y aquellos en los que basta con no perder. Para el recién llegado cada visita es un estreno; para el veterano, casi ninguna lo es. La experiencia no marca goles, pero enseña a no regalarlos. Esa diferencia no figura en ninguna estadística y, sin embargo, explica muchas clasificaciones de otoño.
Lo más interesante de Santa Amalia, con todo, sucede en el otro terreno. Cuando la Diputación de Badajoz lo inauguró, su presidente habló de un regalo para un pueblo muy futbolero. Quienes más lo pisan no son los mayores, sino unos doscientos jóvenes: los ciento cuarenta niños y niñas de la escuela, además de cadetes y juveniles. El primer equipo sigue en el estadio de siempre, destinado a ser con el tiempo el complementario. Es un orden poco habitual. Lo corriente es que lo nuevo vaya a quien compite y lo usado se quede para quien aprende. Aquí se eligió al revés: la novedad para quienes aún juegan por el gusto de jugar.
Cuando me tocó la dirección deportiva del Real Madrid aprendí que la cantera es la inversión más paciente del fútbol y la más ingrata en los balances. Lo que se siembra un verano no florece al siguiente, sino una década después, y a veces bajo otro escudo. Un primer equipo rinde cuentas cada jornada; una escuela, cada generación. Por eso los clubes con prisa la descuidan. En un pueblo, en cambio, la escuela no es un departamento: es la comunidad entera preguntándose quién vendrá detrás. Y esa pregunta, cuando la formulan doscientas camisetas, ya trae media respuesta.
Seamos justos: la escuela no juega en Tercera, y el primer equipo necesita los puntos ahora, no cuando crezcan los pequeños. Una instalación nueva tampoco garantiza futbolistas, igual que un piano no garantiza músicos. Pero la propia historia del Villafranca ofrece un consuelo al vencido. Aquellas veinte temporadas consecutivas empezaron después de un descenso y de dos cursos lejos de la categoría. Durar, a veces, es saber volver.
Quizá el viaje del placer al deber no tenga remedio. Lo que le quita tristeza es que siempre haya alguien empezándolo.
Columna generada con IA e inspirada en el estilo de Jorge Valdano. No es un texto suyo: los recuerdos en primera persona son una recreación. Cómo se hace.