Valdaino

El fútbol que no sale en la tele, contado cada día

por Tinta Artificial

Columna del 6 de octubre de 2026

Arenteiro 2-3 Antela

Tercera Federación · Grupo 1 (Galicia) · 3 de octubre de 2026

Cruzarse en la escalera

Primeros días de octubre, esa época en que las clasificaciones ya hablan pero todavía no dictan. En el grupo gallego de Tercera Federación hay una tabla que se entiende mejor en vertical que en horizontal. El Arenteiro, que hace unos meses competía dos escalones más arriba, suma tres puntos. El Antela, que estrena esta temporada la categoría estatal, lleva diez. El sábado se encontraron en Espiñedo, el campo de O Carballiño, en un derbi ourensano que ganó el visitante por 2-3. Uno venía bajando; el otro, subiendo.

Dice una vieja superstición que cruzarse con alguien en una escalera trae mala suerte. Nunca aclara a cuál de los dos le toca. El fútbol modesto la pone a prueba cada fin de semana, porque su pirámide es una escalera estrecha por la que transitan a la vez clubes que suben con la ilusión intacta y otros que descienden con las maletas a cuestas. Se encuentran en el rellano, se miran de reojo y durante una tarde son iguales. Esa es la gracia de estas citas: lo que la tabla separa, la pelota lo junta.

Bajar dos pisos de golpe tiene algo de mudanza forzosa. El Arenteiro terminó el curso pasado último de su grupo, y al descenso deportivo se sumó otro firmado en los despachos. Este verano llegó a asomarse a la desaparición. Antes de jugar el primer balón tuvo que ganar un partido que no se disputa con botas, el de las ventanillas y los plazos, donde un club puede quedarse sin escalón no por perder, sino por no poder pagarlo.

Cortázar dejó unas instrucciones minuciosas para subir una escalera. Al fútbol le harían falta las otras, las de bajarla sin romperse nada, porque quien desciende no pisa igual: tantea el peldaño antes de apoyarse, desconfía del suelo. En Espiñedo se notó. El local se adelantó pronto y tuvo el partido en la mano hasta bien entrada la segunda parte. Entonces bastó un minuto para que el Antela igualara y se pusiera por delante. El Arenteiro respondió, pero la alegría le duró poco: el mismo futbolista que había abierto la cuenta visitante marcó también el tercero. Cuatro goles en once minutos. Quien sube no mira dónde pone el pie, y tampoco le hace falta.

En mis años en la dirección deportiva aprendí que una plantilla se reúne en un verano y que un equipo tarda bastante más en aparecer. Lo que no se firma en julio es la confianza, ese reflejo que hace que un grupo, al recibir un golpe, se apriete en lugar de deshacerse. Hace muy poco el Arenteiro rompió con un gol en el descuento una racha de dieciocho partidos sin ganar. Aquella victoria fue un respiro, no una cura.

Sería injusto contar esta tarde solo como la caída de uno. El Antela llegó a O Carballiño con dos partidos seguidos sin encajar y se marchó con diez puntos de quince, que no es cosecha de la casualidad. La subida también tiene su trampa: el debutante que no tiembla resulta admirable hasta el día en que descubre lo empinado del tramo siguiente. Y quien baja, si sobrevive al vértigo, conoce el edificio entero. Esa sabiduría no la da ningún ascenso.

Uno siguió subiendo sin mirar atrás. El otro se agarró a la barandilla.

Columna generada con IA e inspirada en el estilo de Jorge Valdano. No es un texto suyo: los recuerdos en primera persona son una recreación. Cómo se hace.

Fuentes